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LOS DULCES VERANOS DEL JOVEN CONDE DE CEBALLOS

AGRIPINA, LA MALA PÉCORA DE ROMA

AGRIPINA, LA MALA PÉCORA DE ROMA

Cualquier parecido con la realidad NO es mera coincidencia

 

Sin duda alguna hay seres que destacan por su maldad, pero es casi obligado que aquellas malas hierbas acaben muy mal. Hoy vamos a hablar de Agripina la Menor, a la que el propio Galdós llamó “la mala pécora de Roma” un personaje que encarna todos los vicios y maleficencias humanas. Emperatriz de Roma por su matrimonio con Claudio y nacida entre los años 13 y 17 en lo que hoy es Colonia.

 

Ambiciosa y dotada de un talento innato para las malas artes, Agripina usó desde los venenos naturales para acabar con sus víctimas como también unas particulares ESTRATAGEMMAS que creaban división entre todos aquellos que conocía, con el único fin de, a través de la discordia, conseguir sus propósitos.  Incestuosa, adúltera, asesina, mentirosa, difamadora, y terriblemente apática a las artes y las ciencias, blandía su pelo como la lanza más mortal jamás usada. A pesar de sus malas costumbres y de su ambición desmedida Agripina tenía la gran capacidad de atraerse aliados, aunque después, una vez utilizados concienzudamente, eran desterrados.

 

Casó en primeras nupcias, en el año 23, con Domicio Aenobarbo, muerto en el año 40, de quien tuvo a Lucio Domicio Nerón; contrajo otro matrimonio con Crispo Papieno, a quien envenenó. Cometió incesto con su hermano Calígula; tuvo adúlteros amores con Emilio Lépido, marido de su hermana Drucilla, por lo que Calígula la desterró a la Isla Pontia, en la costa de la Libia, de donde volvió el año 41 llamada por el emperador Claudio. Éste, cuando se deshizo de Mesalina, decidió  casarse con Agripina, que era sobrina suya; y aunque la ley consideraba incestuosa semejante unión, el senado y el pueblo la declararon lícita.

 

Agripina consiguió que Claudio nombrara sucesor a Nerón, en lugar del legítimo Británico, para lo que intrigó de tal modo, que los Senadores llegaron a temer por sus vidas. Hizo que se condenara a muerte a L. Junio Silano, marido de Octavia, su hijastra y casándola con Nerón. Temiendo que su marido cambiara de parecer, lo envenenó. En el crimen fue auxiliada por Procusta y el médico griego Jenofonte.

 

Agripina ocultó la muerte de Claudio hasta que creyó llegado el momento de presentar a Nerón como emperador; el Senado lo confirmó y Agripina se preparó a reinar despóticamente a la sombra de su hijo, joven de 17 años. En un principio ejerció gran influencia en el gobierno: conferenciaba con los embajadores, asistía a las sesiones del Senado detrás de una cortina y ponía gran celo en perseguir y dar muerte a todos los que permanecían fieles a la causa de Británico. Perdió, sin embargo, pronto su autoridad, principalmente por los consejos de Séneca a Nerón; y encolerizada, amenazó con favorecer los derechos de Británico que posteriormente moriría envenenado.

 

Agripina fue arrojada de palacio, pero apeló a toda clase de medios para recobrar su prestigio, llegando hasta el punto de querer seducir a su propio hijo y acaso se hubiera consumado el incesto si no lo hubiera evitado Séneca apelando a Actea, liberta de Nerón, que rechazó a Agripina.

 

Nerón no se consideraba verdadero dueño del imperio mientras viviese su madre; intentó envenenarla tres veces; la convidó a unos juegos, a los que asistió en un barco que debía sumergirse, pero Agripina se salvó a nado; por último, la acusó de traición y envió verdugos que la dieron muerte  en el 59, y a los que ella dijo: Ventrem feri, porque en aquel seno había sido concebido el hijo desnaturalizado que la mandaba matar.

 

Personajes como este han poblado nuestra historia y la lista de mujeres con un alma muy negra podría ampliarse demasiado como para tratarla tan someramente. Sólo pienso nombrar a otra mujer ampliamente conocida por su capacidad de manipular y sembrar la discordia… La Princesa de Éboli, popular y cariñosamente conocida como “la Puta” en su Pastrana natal y en otras latitudes como “la puta de Castilla”. Durante muchos años esta cruel víbora tuvo eclipsado a Felipe II y a toda la Corte, aparte de usar su crueldad con las esposas de todos sus amantes. Después de muchas décadas de conspiración, y sobre todo de difamación, acabaría sus días desterrada y sola pese a su peculiar belleza que siempre usó con los hombres para conseguir lo que quería.

 

En modo alguno este escrito pretende revelar una idea misógina, muy por el contrario es un retrato fielmente histórico de una persona, independientemente de su género, que por un corazón negro cometió todo tipo de crímenes. 

LOS TOLEDO Y EL LEVANTAMIENTO ANTISEMITA DE 1391 EN CASTILLA

LOS TOLEDO Y EL LEVANTAMIENTO ANTISEMITA DE 1391 EN CASTILLA

Corría el primer año de reinado de don Enrique III el Doliente (1379-1406) –primero en ostentar la dignidad de Príncipe de Asturias, como heredero a la Corona española, título que si fuéramos justos correspondía más a la muy noble casa de los Álvarez de las Asturias, pero esa es otra historia-, cuando ocurrieron los hechos que vamos a tratar.

    El comportamiento de la familia de los Toledo en los terribles sucesos acontecidos contra la comunidad judía en Toledo y en muchas otras ciudades del reino en el año de 1391, fue ejemplar y supuso de alguna manera una afrenta del Clan contra los insurrectos que despreciaban a la población judía, y que no eran pocos, o mejor aún, que eran una mayoría muy ruidosa. Las predicas antisemitas no eran nuevas en el reino, ni mucho menos, pero jamás se habían manifestado con tanta fuerza. Desde hacía años, éstas manifestaciones xenófobas eran acaudilladas por el arcediano de Écija Ferrant Martínez, hombre de orígenes viles, ambicioso de poder y cuyos discursos incendiarios se nos antojan odiosamente similares a los de otros abanderados antisemitas del siglo XX.

   El pogromo se inició el 6 de junio de 1391 en Sevilla y se extendió como la pólvora por el reino. Las matanzas de judíos se dieron en toda la Península, contagiando a los vecinos reinos de Aragón e incluso algunas alejadas zonas de los Algarves y Barcelona, llegando casi hasta el Pirineo. El primero en demostrar su furia fue el valle del Guadalquivir y las ciudades de Baeza, Montoro, Andújar, Jaén, Úbeda y la propia Córdoba. El 18 de junio las matanzas llegaron a Toledo, después de pasar por Ciudad Real, Cuenca, Huete, Escalona, y la que es hoy nuestra capital, Madrid. En el reino de Aragón será Vicente Ferrer el que liderará la rebelión antijudía.

 

Los saqueos a las juderías, los ataques a todos los miembros de la comunidad semita, sus establecimientos y bienes, encarnizados y llenos de odio, provocaron que el pequeño rey de apenas 11 años se enfrentara a uno de los acontecimientos más significativos de su reinado.

   Aprovechando la muerte de Pedro Gómez Barroso (pariente de los Toledo por enlaces) y el rey Juan I, decididos amonestadores de las conductas antisemitas, el susodicho Ferrant Martínez ordenó que fueran destruidas las sinagogas de Écija y Alcalá de Henares. Muertos los dos más grandes defensores de los judíos, o por lo menos dos hombres de Estado conscientes del daño que el odio racial podría traer al reino, los rebeldes aprovecharon la tesitura para jalonar la insurrección.

    El conde de Niebla don Juan Alfonso de Guzmán, Alcalde Mayor de Sevilla y su primo don Alvar Pérez de Guzmán, Alguacil Mayor, mandaron a apresar a un hombre por robar y perseguir a los judíos. Así la plebe aprovechó el momento para rebelarse y destruir todo lo que encontraba a su paso. Como ya hemos dicho el día 6 de junio tuvo lugar el asalto y saqueo de la judería sevillana donde perecieron unas 4.000 personas, todos ellos judíos y los restantes tuvieron que abrazar el cristianismo a fuerza de la espada.

 

La Corte, por otro lado, inmersa en las torpes discusiones de patrimonios, estaba dividida debido al testamento de Juan I. El Canciller Pero López de Ayala  –que era miembro del Clan de los Toledo, aunque se llamara Ayala- describía en su crónica de esta guisa los acontecimientos:

      “Predicaba por plaza contra los Judíos, é...todo el pueblo estaba movido para ser contra ellos... el pueblo de la cibdad de Sevilla avia robado la Juderia, é que eran tornados Christianos los mas Judíos que y eran, é muchos de ellos muertos... fue cobdicia de robar, segund paresció, mas que devocion...” (sic)

 

Tendría lugar pues el inicio de un periodo muy oscuro para la comunidad judía que vio como surgían de entre sus propios miembros sus más fieros detractores, como Pablo de Santa María, que llegaría a decir en su Scrutinium que las matanzas de 1391 “sucedieron por el deseo inspirado de Dios”.

    Como ya hemos dicho, en Toledo, cuidad por otro lado muy poblada por judíos y musulmanes, encontramos la fuente hebrea más completa de información, el poema Elegía a los mártires de Toledo en 1391, texto del que se conocen dos versiones y al que don García de Toledo y Foix (1423-1469) se referiría en sus Epístolas, que nunca fueron publicadas y de las que apenas nos quedan algunos folios y las citas referenciales que nos hace don Giulio Ferdinando de Piedrahíta (1888-1943) en sus ensayos sobre Los linajes de Toledo.

 

Es en el poema Elegía a los mártires de Toledo en 1391 donde encontramos detalladamente una relación de las víctimas de Toledo más destacadas, hombres de letras, poetas, grandes artesanos judíos que fueron muertos por la turba u obligados a inmolarse. Llama particularmente la atención la muerte del jovencísimo Abraham ben Ofrit que fue ahogado en el río ante la angustiada vista de sus ancianos padres y al que en el siglo XV el poeta Román de Ceballos escribiera una serie de cuatro poemas de los que apenas conservamos un verso citado en la obra de don Francisco de Ceballos y Howard (1840-1898):

 

Adiós, padre,

pensó el ahogado,

Que le miraba desde la distancia

Mientras sostenía a su anciana esposa,

Desfallecida

 

Un verso claramente parafraseado pero que nos recuerda el horror de aquellos días toledanos donde sus gentes sacaron lo peor de sí. También son del poema Elegía a los mártires de Toledo en 1391 los versos dedicados a la profanación de los templos hebreos, versos por otro lado son sumamente informativos porque nos detallan con precisión la cantidad de templos que existían en la ciudad. Actualmente no podemos identificar casi ninguna, porque fueron reconvertidas o destruidas, pero muchas de estas sinagogas y midrasim además de lugares religiosos albergaban una riquísima tradición artística y cultural, maravillosas bibliotecas arrasadas por la salvajada humana.

    Podemos hoy contemplar el antiguo esplendor sefardí en la Iglesia del Tránsito, sinagoga del príncipe Semuel ha-Leví, nasí de Israel. Aunque no podemos echar en el olvido la sinagoga Ben Zizá funda por la notable familia de los Ben Zizá, con los que en muy antiguo hubo supuestos entroncamientos con la raza mozárabe toledana, en tiempos prerreconquista.  

 

La Corona, y su poder representado en los Toledo, se muestra afectada por los hechos ocurridos y la pérdida de vidas, además de las inmensas pérdidas comerciales que ello acarreaba. En febrero de 1398 Enrique III el Doliente –ya con 18 añitos- ordena al Alcalde Juan Alfonso y al tesorero mayor Juan Rodríguez de Villareal, que hicieran pesquisa para averiguar quiénes habían cometido los robos en la judería de Toledo, imponiendo a los culpables una multa de 30.000 doblas de oro. Los monasterios y los particulares pedieron las rentas que tenían situadas sobre los tributos de las aljamas judaicas. Las desastrosas consecuencias económicas para la ciudad se dejaron sentir muy pronto, y los más afectados fueron, sin duda alguna, los capellanes cuyos salarios eran asignados de las dotaciones de la Real capilla que provenían, irónicamente, de la población judía.

    Según el Conde don García de Toledo en sus Epístolas, el Clan de los Toledo, al menos una gran mayoría del mismo, había proporcionado refugiado en sus propiedades extramuros a algunos miembros destacados de la comunidad judía.     

     Es decir, el Clan de los Toledo había arriesgado su propia hacienda e integridad ocultando en sus huertas durante largo tiempo a jóvenes artesanos y a cierto médico que atendió después, muchos años después, a un Diego García de Toledo que cayó a un pozo y que estuvo apunto de perder la vida siendo operado de urgencia por el médico judío que le salvó la vida.

 

Por un lado nos parece aspecto positivo el que los judíos empezaran a vivir en otros barios y que muchos cristianos se mudaran al “que fue barrio judío” en 1394, y que de alguna manera los judíos que habían logrado sobrevivir vivieran ahora puerta con puerta con cristianos y otros judíos conversos.

 

Pero la catástrofe no había hecho nada más que comenzar

 

Continúa…

 

Bibliografía:

 

Epístolas

García de Toledo y Foix

Folio VIII, versos X-XIII

Archivo privado de los Duques de Goya

 

Giulio Ferdinando de Piedrahíta

Ensayos sobre Los linajes de Toledo

Archivo privado de los Duques de Goya

 

Francisco Isidro de Ceballos y Howard

Linajes españoles

Páginas 245-390. Los Toledo

 

Pilar León Tello

Los Judíos de Toledo

Tomo I  Estudio Histórico y colección documental

Página 174-192 El levantamiento antisemita de 1391

 

Otras publicaciones y artículos

LA NOBLE POSADERA DE EL ESCORIAL

LA NOBLE POSADERA DE EL ESCORIAL

El viaje

Aquella tarde el sol reverberaba sobre los verdes prados a lado y lado de la comarcal que va desde Colmenar Viejo hasta Torrelodones pasando por los Montes de El Pardo. Salí de casa y di un rodeo para poder disfrutar del paisaje que me encanta. Detuve el coche en la bifurcación de la carretera comarcal M-505 que va de Galapagar a El Escorial, y me deleité con la campiña serrana de Madrid, con las fincas de caballos donde algunos potrillos vienen a los cercados e intentan mordisquearte con sus dientecillos ocultos tras unos hocicos juguetones. Caballos, fincas, paraisos ancestrales donde muchos de nuestros antepasados pasaron tardes de alegría. Reales y bellos sitios donde pasar un sábado o domingo familiar o con amigos. Pero tenía una cita, así que volví a subir al coche y me puse en camino hacia La Higuera.

 

EL ENTORNO

Una vez en Zarzalejo, aparqué y me puse frente a un portal de doble puerta de madera donde una sonrisa me abrió la puerta... Sí, sí, habéis leido bien, una sonrisa me abrió la puerta y ésta pertenecía a doña Blanca de Borbón, Blanquita para sus amigos y para los clientes de La Higuera, que también son todos amigos. Nuevos y viejos. Amigos en las buenas y en las malas.

Nieta del rey Alfonso XIII por la línea del infante don Leandro de Borbón, Blanquita me abrió la puerta y pasé a un estupendo jardín, donde una higuera y un pino hacen de escoltas y se entrelazan como los vínculos de Blanca, escurialense de adopción, con la Alta nobleza española.

Pero no hay nada que haga presagiar al que lea estas líneas que Blanca no es ni mucho menos una señora obsesionada con la genealogía sino más bien una joven de cuerpo y espíritu que desde el primer momento en que entras por la puerta te atiende como a un íntimo amigo y te suelta una sarta de historias emocionantes de vida y humanidad, nostalgias y anécdotas de una trotamundos. Cada palabra, cada frase encierra algo de una sabiduría y una sencillez que te embelesan. Desde que mi amiga Mercedes Santamaría me invitara a cenar la primera vez, Blanca había conseguido seducirme, enamorarme de su personalidad. ¡Y pocas personas consiguen hacerlo!

Durante mi primera cena en La Higuera me preguntaba si realmente estaba en un restaurante o en casa de una vieja amiga de la infancia, en casa de una hermana, de una confidente, de una abuela, porque Blanquita es todas esas cosas y más.

Antropóloga de profesión pero "posadera" por vocación Blanca de Borbón está muy orgullosa de llamarse a sí misma "posadera" y para aquellos que conocen lo que significa esta palabra, diremos que no la desmerita en absoluto y muy por el contrario la convierte el digno miembro de la estirpe borbónica, estirpe que todos conocemos muy bien por su temperamento siempre amable y servicial. Parece increible que esta misma señora vestida con sobria elegancia estuvo hasta hace unos años en la cumbre del éxito laboral y social trabajando para las grandes compañías de la moda como Chanel, Dior, Versace, y para medios de comunicación de relevancia nacional e internacional y que hoy, transformada en una sencilla, pero aplicada regente de un restaurante, tan íntimo como acogedor como La Higuera, se considera amiga de cada comensal. Porque La Higuera no tiene clientes sino amigos. "El problema no es que la gente no venga sino que no quiere irse", comentamos entre risas.

 

REMEMBRANZAS

La historia de La Higuera se vincula también con la historia de la construcción del Monasterio El Escorial y de los viajes por esas sierras de Felipe II "el rey prudente". Mientras su palacio se construía el rey pasaba los días disfrutando hasta saciedad de la gastronomía de la zona, de la caza y de sus gentes que ya un poeta inmortalizó. Una vez leí en uno de los manuscritos del siglo XVI del marqués de los Vélez que Felipe II, camino del Palacio de Valsaín -donde los reyes visigodos ya cazaban en la antigüedad-, a Cercedilla, paró a comer seis veces. Y que después de pensar en diversos emplazamientos, finalmente, donde paró la sexta vez, fue el lugar elegido para construir, años después, el Monasterio-Palacio. Sea como fuere -pues hay versiones para aburrir-, lo cierto es que a Blanca le pasó algo similiar cuando una tarde de domingo paró a comer en Zarzalejo y se enamoró de una casa de más de doscientos años, que estaba en ruinas. Si pensárselo saltó la verja para coger flores y de pronto se encontró en un jardín como de cuento de hadas. ¿Era el jardín de Howards End?, la novela de E.M. Forster. Al día siguiente su pareja había comprado la casa y ésta pasó a ser la segunda residencia de la familia.

 

EL RESTAURANTE: casa de labriegos, casa de hidalgos, casa de amigos.

El restaurante La Higuera se abre el 19 de marzo de 2003, porque a Blanca le palpitaba su vocación en el corazón. Primero vinieron sólo los amigos íntimos y esos amigos fueron arrastrando a otros y así sucesivamente. Hasta que un día se dio cuenta que su vida no estaba en Madrid sino en El Escorial donde están enterrados muchos de sus antepasados. Desde entonces Blanca se ha dedicado con cuerpo y alma a dirigirlo: Tan sólo apoyada por un ayudante de cocina y camarero, el restaurante ofrece una cuidada selección de platos, postres, vinos y delicatessen. La Higuera tiene una serie de menús especiales: uno infantil por sólo doce euros, uno de veinte euros y otro de veintiocho, precios muy asequibles.

 

COMER O CENAR EN LA HIGUERA

La primera en recibirnos al llegar al restaurante es su propietaria con una ámplia sonrisa dibujada en su blanca boca, mientras que sus ojos verdes contrastan con sus cabellos rubios. Un halo de tranquilidad y sosiego se respira y ella con su siempre humano y dispuesto carácter nos lleva a la mesa casi de la mano y nos cuenta uno a uno los platos que vamos a disfrutar, todos ellos de recetas familiares, de recetas de la abuela, de recetas típicas de la gastronomía local cuyos ingredientes son de las huertas, del "vecino de al lado", es decir, especias cultivadas por manos de lugareños y campesinos del Guadarrama.

Blanca se emociona hablando de las recetas de su abuela. Y nos cuenta que siempre está innovando y experimentando -aunque nunca pone nada en la mesa que no pase antes un cuidadoso exámen-. Durante la semana hace guisos y todo tipo de postres que Pablito y los amigos de Blanca van probando y poco a poco esos experimentos se convierten en platos que llegan al restaurante; primero fuera de carta y después en los menús especiales hasta que los amigos se van haciendo fans. Entonces ha nacido una nueva receta.

Pero Blanca también recurre a antiguos documentos familiares e incluso a libros rusos de siglos pasados, rebusca en la gastronomía extranjera para darle después un toque escurialense y españolizarlos "porque la comida al fin y al cabo es cultura y la cultura es patrimonio de la Humanidad". Pero la comida que degustaremos es eminentemente campesina, más española que la paella y la tortilla de patata, platos que comían antiguamente los viejos castellanos fueran reyes o plebeyos.

Uno de esos platos es el salmorejo cordobés o el paté Borbón. En La Higuera siempre hay platos fuera de carta y por sorpresa, platos para "arriesgados "(Blanca ríe mientras lo dice), para los que les gusta comer, porque comer es un don y no una obligación.

Mientras que Blanca nos cuenta sus aventuras en la India o México, mientras nos habla de moda y publicidad los camareros nos traen platos y más platos y tus amigos están probando delicias de todos ellos y ahora nos encontramos que cada uno es especial en su género. Así tenemos, por ejemplo, la interpretación de huevos estrellados con trufas o las deliciosas habitas con boletus (hechas con ajo, perejil, reducción de caldo de carne y habitas) y que se me hace agua la boca cuando lo escribo. Pero queda mucho más, como los Judiones con codorniz (con verdura fresca, tocitos de paletilla ibérica, huesos de osobuco). Una gran variedad de ensaladas: para mencionar alguna como la templada de lollo Rosso con langostinos, setas variadas y frutos secos o la de pimientos asados y con atún y cebolleta fresca, la favorita de los Duques de Trevor en el siglo XVIII.

 

Y pasemos a los platos fuertes como la perdiz escabechada en ensalada con frutos del bosque, o las codornices braseadas con aceite de oliva, ajo, tomillo, puré de manzanas y arándanos. Y no me puedo olvidar de los melocotones rellenos de maíz, gambas, salsa barbacoa, huevo duro, champiñón (algo que Blanca comía de niña). Y son las tres de la mañana y a mí me está entrando hambre solo de pensar en el estofado de rabo de toro con boletus. Todo ello puede ir muy bien acompañado de los mejores caldos de la bodega. Desde importaciones italianas y portuguesas hasta los Ribera del Duero. Vinos reserva, tempranillos y crianza todos a precios muy atractivos. Y la joya de la casa, la joya de la Corona, el Esentium de uso privativo de la Casa Real Española.

 

Valores agregados

Como si fuera poco La Higuera ofrece valores agregados como actividades culturales. Por eso los comensales pueden estar seguros de no aburrirse porque en La Higuera siempre hay un artista dispuesto a hacer de la comida familiar un entretenimiento. Pero además el restaurante permite que los propios comensales expresen sus inquietudes artísticas. Por eso si alguno de vosotros se anima a cantar será bienvenido.. En una palabra, estar en La Higuera es como estar en la casa de la sierra.

También el restaurante ofrece la posibilidad de usarse para cenas de empresa o de amigos y en exclusividad pues por su reducido aforo (treinta personas) es el lugar ideal para cenas de negocios.

Pero además de ser empresaria Blanca es también madre de familia, así que divide su tiempo entre estos dos menesteres. Por eso se levanta todos los días para ir a los mercadillos y hacerse con esos productos que no puede encontrar en las huertas o en los comercios locales, "porque hay que apoyar lo autóctono antes que todo", pero también baja muy esporádicamente a Madrid, al Mercado de La Paz para comprar quesos exóticos y dar a sus platos nuevos toques.

La Higuera abre durante los fines de semana únicamente y días festivos, los días más idóneos para disfrutar de la zona. Por el restaurante han pasado actores, miembros de la nobleza, escritores y personajes de la vida política y cultural, y muchos otros amigos que son atendidos siempre con la misma dedicación que los demás. Porque aunque La Higuera no tenga un lema, Blanca sí lo tiene, y este lema es: "Hacer feliz a la gente. Porque una comida es un acto lúdico, un intercambio cultural de primer orden, un rito social donde las personas compartimos más que pan". Poco después y ya "fuera de cámaras" Blanca me confiesa: "Complacer es darse placer a uno mismo". Y pone la mano sobre mí con esa sensibilidad a flor de piel que la caracteriza y así nos damos un gran abrazo. Me tengo que ir.

"Si noto que la gente no ha sido feliz me siento mal cobrando". Blanca de Borbón

 

INTERVIÚ

J.P: La comida española "está en boga", los grandes gourmets no paran de alabarla. Sabemos que tenemos a Ferrán Adriá, un verdadero genio, pero también hay una cantidad de nuevos chefs que se abren paso, ¿qué puede ofrecer un restaurante como La Higuera frente a la cocina de autor?

B.B: Toda la cocina tradicional, los gustos por la cocina bien hecha. El entorno y los sabores; pero fundamentalmente ofrecermos la posibilidad de encontrar lo que uno ha comido de pequeño en su casa. Todo está pensado y estudiado para hacer feliz a la gente. La cocina tradicional española llevada a los amigos de manera lúdica.

J.P: Bueno, como si fuera un buen chef siempre me gusta poner el punto acidillo en cada uno de mis escritos, dime, Blanca, ¿qué hace una chica como tú en un sitio como este?

B.B: ¿Qué clase de pregunta es esta? -¡y se echa a reír!-. Supongo que estoy aquí para vivir la vida, para estar con mi hijo y para disfrutar de esta maravilla que es la sierra.

 "Dar placer es complacerse a uno mismo" Blanca de Borbón

EL QUEXIGAL: FINCA DE REYES Y NOBLES DESDE INMEMORIAL

EL QUEXIGAL: FINCA DE REYES Y NOBLES DESDE INMEMORIAL

HISTORIA DE LOS PALACIOS DE LA ESTIRPE

(Brevísimo sobre la Villa de la Piedra Hita)

La Tierra Balbina

 

Pietras Fictas villae1 (En algún lugar entre Salmantica y Norba Caesarina) cerca de 100 a. C. hasta ¿? : Entre la leyenda y el rigor histórico, el lugar exacto donde se levantó el bastión de los Balbo2 permanece hoy ajeno a los historiadores y arqueólogos3. La historia de esta villa, que ocupará un importante lugar en el libro que escribo, está documentada desde el siglo I a. C. y a ella hace referencia el gran Cayo Julio César o Gaius Iulius Caesar (Roma, Italia, 13 de julio de 100 a. C. – Ibídem, 15 de marzo de 44 a.C.) en varios de sus relatos de viajes por España, donde detalla su relación con la familia Balbo y con los hispanos. Hacia el año 100 a. C. la familia Balbo se construye en algún lugar entre Salmantica y Norba Caesarina la Villa de las Piedras o la Villa de la Piedra Erguida “Pietras Fictas villae” por estar muy cerca de una zona con gran presencia de monumentos dolménicos. Comenzaba así la “colonización de los Balbo” del territorio hispánico. Sus negocios han evolucionado espectacularmente y ya no dependen exclusivamente del comercio y la minería, ahora son además banqueros, grandes terratenientes, tratantes de esclavos y constructores de barcos.

El creciente imperio económico de los Balbo se dirige generalmente desde Gades, pero también son importantes sedes de su poderío ciudades y villas como Asturica Augusta, Salmantica, Segontia, Norba Caesarina, Toletum, Segobriga –cuyos edificios públicos habían sido financiados íntegramente por los Balbo- y otras jurisdicciones como Castulo, Corduba e Italica. Gozan de menor poder en Portus Cale y Tarraco; comienzan además la conquista comercial de Emporiae que acabará fracasando. Se cree que la villa de las Piedras Hitas estaba situada en inmediaciones de las actuales poblaciones de San Martín de Valdeiglesias, Cebreros y El Quexigal, a tan solo ochenta kilómetros de la actual Piedrahíta (Ávila, antiguo señorío de Valdecorneja, señorío primigenio de los Álvarez de Toledo (linaje del ducado de Alba hasta el siglo XVIII). Muy cerca de la dehesa de El Quexigal o en su misma ubicación podría haber estado también la villa Trajana, propiedad del emperador Trajano y posteriormente del emperador Adriano, miembro de una ilustre familia hispánica -en realidad la misma familia Balbo-. Asimismo, en un cerro que existe aún hoy frente a la finca podría haber estado la Fortaleza musulmana del Al-Azahar. Este Quexigal se llamó antiguamente (entendiendo eso de “antiguamente” desde el siglo X) Quexigar, hasta la compra que realizó Felipe II. En la Carta de Fundación del Monasterio de El Escorial es evidente que no se sabe con exactitud de dónde proviene el topónimo pero se cree que procede de la abundancia de la vegetación conocida como quejigo. Asimismo en las diversas reseñas sobre el Monasterio se alude siempre a la proximidad del mismo con “las antiguas tierras de los primeros reyes cristianos y los linajes de noble y augusta sangre”, es decir, los más conspicuos linajes españoles, los más “limpios”4, emparentados con varios reyes visigodos y más antiguamente con el linaje de los Balbo.

 Existen reseñas no probadas que afirman que El Quexigal fue uno de los primeros reductos de escape de los emigrados durante la ocupación musulmana. Esta teoría está en parte avalada por don Alberto de Toledo y Piedrahíta de la Cerda (Alba de Tormes , Salamanca, Castillo de Alba, 21 de junio de 1440-Segovia, Castillo de Turégano, junio de 1507) que informa sobre la ruta de los “huidos” o la Gente de Pelayo, los pelayos (de donde viene eso de que los de etnia gitana nos llamen Payos o hijos de Pelayo), familiares y sirvientes del conde Pelayo que escapaban de la ocupación y que residían en esta especie de reducto cristiano. Según documentos que hoy se encuentran en poder de la Casa de Medina Sidonia (ducado de la Casa Álvarez de Toledo) y que en su momento la propia duquesa -Luisa Isabel Álvarez de Toledo- pudo corroborar, siguiendo asimismo la pauta de que no hubo una verdadera invasión sino una especie de colonización escalonada de la Península. Esta teoría, que sostuvo en su momento el marqués de los Vélez, el Marqués de Segura, el Marqués de Queiles y otros grandes de España podría ser una prueba irrefutable de la ubicación exacta en El Quexigal de la Fortaleza de Pelayo y de su padre, el duque Fáfila o Favila (h. 676-710) Duque de Asturias y casado con doña Viela de Pravia (¿?-¿?) señora de Viela (antiguo nombre de una villa de dicha jurisdicción).

 

El Al-andalus y el “señorío”:

 La invasión o conversión musulmana, como bien la han llamado algunos historiadores -al margen de la historia oficial de España-, fue desastrosa para todos los visigodos y concretamente para los descendientes del linaje de los Balbo. La familia se dividió en dos grandes ramas: la asturiana, que conservó el legado familiar en cuando a la tradición; y la mozárabe que conservó parte de los bienes, cierto estatus en Toledo pero que se “vendió” al nuevo poder. Esta grave fractura familiar es la responsable de la gran pérdida de la identidad cultural de España. Esta fractura representa la realidad de muchas familias visigodas que se vieron divididas y que conformó esa disgregación de la que aún hoy quedan rescoldos: el Norte de España afín a ciertas causas nacionalistas y de “limpieza de sangre” y un sur mestizo afín a la pluriculturalidad de la que es parte.

Los descendientes de la familia Balbo conservaron cierta propiedad bajo el dominio musulmán en la zona que nos ocupa, pero a través de los siglos y de las diversas incursiones cristianas esa propiedad fue desapareciendo. Finalmente, con la Reconquista, los descendientes de la Rama asturiana de los Balbo, esos hijos de Pelayo, reclamaron la propiedad.

 

El “señorío” de El Quexigal, El Queixal o El Queixar

 Desde la Reconquista de la zona varios nobles de alta cuna pretendieron hacerse con el dominio la llamada Tierra Balbina. El primero en hacerse señor de Quexigal fue don Otalvo de Corneja o de Bizcaia (1098-1159) señor de Quexigal, de Viela y de Arévalo, casado con Dalfina de Araba. Nos hacemos eco de este noble por los legados testamentarios que dejó a diversos monasterios y porque su tumba, que estuvo visible en Toledo hasta el siglo XV1 tuvo cierto protagonismo durante un breve periodo, sobre todo por su participación en la Segunda Cruzada (1147-1149), predicada por Euguenio III (Pisa,¿?-Tívoli, 8 de julio de 1153)5. Lamentablemente la Cruzada fue un desastre. A pesar de ello, el arzobispado de Toledo aprovechó la épica de don Otalvo y lo convirtió en un héroe y posteriormente en protagonista de una interesante leyenda.

Pero el noble más notable que ostentó el señorío de Quexigal fue don Enrique Álvarez de Corneja el Sarraceno (h. 1127-1180), que fue una especie de diplomático de los reyes cristianos y que recorrió el mundo. Este príncipe hispano sería el fundador de la Orden de San Ildefonso y su primer Gran Maestre. Casaría don Enrique el Sarraceno con una princesa bizantina, doña Sofía Comneno, de la dinastía de los Emperadores de Bizancio, y serán padres del famosísimo Príncipe de Trebisonda, Alejandro Comneno el Hermoso “señor de las mil doncellas” nacido hacia 1145 y muerto sobre 1196. El príncipe de Trebisonda sería compañero de batallas y de juergas de Ricardo Corazón de León y uno de sus lugartenientes durante la Tercera Cruzada, y por esta razón será conocido en la historia como el Sarraceno. La leyenda dice que el príncipe de Trebisonda tendría más de cien hijos y numerosos romances. Seguirá una larga lista de señores e incluso condes de Quexigal, hasta que el título acabó perdiéndose por las distintas disputas entre los Toledo, los Dávila y los Piedrahíta.

 

Juan Estébañez, señor de Riveros, que fue alcalde mayor de Toledo y que casó con María Salvadores fue uno de los primeros en hacer litigio por el “señorío”. Se dice que llegó a intitularse señor de El Quexigal y a hacerse construir un nuevo palacio. Teoría aparentemente falsa pues no hay datos históricos que confirmen la construcción de un nuevo palacio. Pero si existió un interés muy particular de los alcaldes de Toledo, antepasados de los Álvarez de Toledo para hacerse con esta propiedad que reclaman como suya “deste tiempos del rei Recaredo”.

 

La región, inmensamente rica, sería motivo de disputas entre los nobles, algunos bastardos reales e incluso prelados de la Iglesia. Hacia el año 1340 el arzobispo don Gil Álvarez de Albornoz (Carrascosa del Campo, Cuenca, 1310-Viterbo, Italia, 24 de agosto de 1367), arzobispo de Toledo (1338-1350) y Cardenal (1350-1367) I Conde de Piloña (1341-1350), que tuvo un hijo con doña Sancha de López de Madoza (h. 1315-¿?) conocido como don García Álvarez de Gil (h. 1330-¿?) II Conde de Piloña (1350-1403) pidió al rey que le concediera el usufructo de las tierras que él consideraba “de inmemorial” de su linaje. Por supuesto, los Toledo entraron en conflicto y el asunto acabó bastante mal para el arzobispo que no solo no le fue concedido el señorío que pretendía sino que además le fueron suprimidas ciertas rentas. Tal era el poder de los Toledo. No obstante, el rey, que ansiaba para sí la tenencia de tan bastos y ricos parajes, no los concedió a los Toledo y les retiró además el título que ostentaban de “Condes de Quexigal”.

El IV conde, que en realidad no lo era, pues dichos terrenos no estaban estructurados como condado, fue don Francisco de Toledo (Portugal, h. 1322-h. 1384) alférez del infante de Castilla y alcaide de la Fortaleza del Languedoc, casado con doña Clara d’Antoing (h. 1321-1339) sobrina de doña Isabelle d’Antoing, esposa de Alfonso de España, Infante de Castilla (1305-Gentilly, 1327) Señor de Lunel, Arcediano de París (1321), Gobernador del Languedoc. Doña Isabelle d’Antoing, Vizcondesa de Ghante, Señora d’Antoing, d’Epinoy, Sothengien y Houdain era viuda sin descendencia de Enrique de Brabante, Señor de Gaesbeke; y casó en terceras nupcias con el vizconde Jean de Melun, Gran-Chambelán de Francia. El Quexigal fue, durante casi una década, el mayor motivo de discordia en la Corte castellana, los pretendientes de la propiedad no solo eran españoles y nobles, se contaban reyes extranjeros, papas y príncipes que enviaban emisarios constantemente y que interponían demandas para hacerse con la heredad. La convulsa situación de Castilla era además el mejor pretexto para no resolver con celeridad la titularidad del señorío. Eran los tiempos de don Alfonso XI el Justiciero, bisnieto de Alfonso X el Sabio e hijo de Fernando IV el Emplazado. Ya unos años antes habían entrado en la disputa los Alfonso de Meneses, en cabeza de la regente, doña María de Molina, abuela de don Alfonso XI y reina consorte de Castilla y de León.

 

La leyenda del tesoro de El Quexigal

 Hace algunos años escuchaba, de la boca de un afamado historiador español, en una de las conferencias que ofrecía precisamente en El Escorial, una pregunta que desconcertó a muchos. La pregunta que tan docto personaje nos lanzaba a un pequeño grupo de curiosos que nos quedamos después de la conferencia era la siguiente: “¿Podía la Corte de Felipe II, con las inmensas cargas que arrastraba, financiar la construcción de El Escorial?”. Quienes se dedican a eso de escribir historia saben perfectamente que en la época de la construcción del monasterio-palacio la Corona arrastraba importantísimas cargas. Aquellos tiempos eran especialmente difíciles. Cómo es, pues, posible que el mismo año en que el rey subía los impuestos y se pagaba más por un huevo que por una gallina, se pudiera empezar tan magna construcción. Los curiosos se quedaron anonadados y algunos suspiraron. No hubo respuesta.

Pero yo la sabía y vi refulgir los ojos del conferenciante: “El tesoro... “- me atreví a musitar. Entonces fui blanco de las miradas más sagaces que me acusaban de loco. Hubo un silencio eterno y todos nos retiramos. Una semana después recibí una invitación de este personaje -que no suele hablar de este tema más que en privado, porque hace parte de la “historia que parece leyenda y que avergüenza a un historiador serio”. Pero dado que yo no soy historiador y lo que intento rescatar es precisamente el folclore, me arriesgo. Desde muy antiguo se creía que en aquella zona existía un inmenso tesoro. Como ya hemos dicho este paraje fue un reducto de los “huidos a Asturias” pero estas gentes no llevaron todas sus pertenencias consigo y fue la villa de la Piedra Hita uno de los muchos lugares donde escondieron grandes riquezas. Todas aquellas joyas que engalanaban a los nobles visigodos, las casullas de oro de los obispos de Toledo, las inmensas donaciones que las familias hacían a los monasterios que eran muy numerosos en la capital y que fueron desmantelados con la “invasión”. Todos estos tesoros no fueron llevados a Asturias, pues las gentes no pudieron cargar con todo su oro, con todas sus posesiones y muchas de ellas se quedaron en tierra del enemigo. Los primeros asturianos huidos iban casi con lo puesto, con algo de oro y poco más. Este tesoro permaneció durante mucho tiempo en la memoria colectiva, como una simple anécdota, pero nada más. Pero cuando la Reconquista alcanzó carácter nacional, de unidad del Reino, los reyes revivieron la leyenda y entonces ocurrió que los reconquistadores pelearon bravamente para recuperar dicho tesoro. En las reseñas de la época se habla ampliamente de la voracidad para hacerse con estos parajes y de la preocupación del rey por el comportamiento de muchos nobles. Algunos de esos caballeros eran extranjeros y no habían venido a Castilla por amor a la paz y al Papa si no atraídos por las leyendas de grandes riquezas.

Se dice que los Balbo mozárabes habían “vendido” al enemigo la localización del tesoro, cosa no probada y de tintes muy dudosos. Lo cierto es que los musulmanes sí que conocían la leyenda de antiguo y habían construido una colosal fortaleza, muy bien reforzada y custodiada, usando en parte los ricos materiales de la opulenta villa a fin de mantener el orden en la zona pero también, según la leyenda, para hacerse con los tesoros. Y se hicieron con ellos, pero los musulmanes, por una razón desconocida, no habían dispuesto de tan vastas riquezas, algunos dicen que precisamente por ser tan vastas aunque se había usado gran parte de ellas, el tesoro apenas había disminuido. Lo cierto es que con la Reconquista la fortaleza cayó, fue reducida además a cenizas, en parte porque los reyes no querían a ningún señor sobre la heredad.

Cuenta la leyenda que estando Felipe II de Caza, en Valsaín, escuchó la leyenda. Dicha leyenda, que en principio causó risa en la Corte pronto se convirtió en un asunto de Estado. El propio duque de Alba la había confirmado. El testimonio del duque Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel el Gran Duque (Piedrahíta, 29 de octubre de 1507-Lisboa, 11 de diciembre de 1582), que sabía de muy buena fuente que dicho tesoro existía, pues descendía de los señores de El Quexigal convenció al Rey. La leyenda nos cuenta que dicho tesoro fue efectivamente descubierto y que con él fue financiada la construcción del Monasterio de El Escorial.

 

De “señorío” a finca de Caza del rey

 

En tiempos antiguos se sabe que esta región estuvo poblada de lobos, osos, ciervos, gamos, corzos, etc., según se desprende del Libro de Montería de Alfonso XI, las memorias de caza de los frailes jerónimos y dos provisiones reales de Felipe II. Desde el siglo XII los reyes castellanos habían cazado en sus bosques. En el siglo XIV El Quexigal estaba poblado y era una aldea de Ávila, en una escritura de venta fechada el 29 de abril de 1372, en la cual el señor de Quexigal, Benito Pérez, hijo de Johan Martínez de Quexigal, otorgó a favor de Fernán Martínez, hijo de Antón Rodríguez de Ávila, vendiéndole la dehesa de Quexigal, término, casas, viñas, huertos, árboles, aguas estantes, corrientes, tierras, solares, prados y pastos… por 400 maravedís.

En 1447 se parte El Quexiral y Navaluenga entre Isabel Gozález (sic), mujer de Gil Villalva, difunto y sus hijos y de otra parte, Gil Gómez Renfijo. En la heredad de El Quexiral se cosechaba entre otros productos, cereales, vino, aceite, hortalizas, frutales, piñones. Pastaban entre 15000 y 2000 cabras, unas 60 vacas y novillos un número indeterminado de cerdos y 52 colmenas. Fabricaban productos como la pez, la cendra, el vidrio y el aceite de enebro. Para elaborar el vino ya existía en el siglo XIII lagar y bodega. Durante casi todo el siglo XV los propietarios serán la familia noble de Ávila, durante un breve periodo los Dávila, descendientes de un Alvar de Toledo, por vía bastarda, y de una joven de la familia Piedrahíta. Los segundos señores serían llamados Gómez de Villalva, que luego trasmitirán la propiedad en 1563 a los monjes jerónimos. En esta época ya estaba despoblado, quedando solo restos de la Iglesia, la venta, y la casa principal. En 1557 después de la batalla de San Quintín el rey Felipe II desea construir un monasterio, que no esté muy lejos de Madrid, que sea en sitio aislado y con buenos recursos y buenas aguas. Durante cuatro años se busca un sitio sin hallarlo. Durante la Semana Santa de 1561 el rey pasa al Monasterio de los jerónimos de Guisando y recorre la zona, pero le parece muy lejos de Madrid y desiste, pero en 1562 vuelve a la zona y queda maravillado por “aquellas montañas y peñas, vestidas de diversas plantas, más hermosas que Salomón con toda su gloria”. La dehesa pertenecía a Diego de Villalba y fue vendida en 1563 junto con la casa, por éste y sus sobrinos a Fray Juan de Huete en nombre de Felipe II, por 30.000 ducados de oro. Fue utilizada por los frailes jerónimos para servir como despensa al Monasterio de El Escorial. Para la negociación se había usado a los Álvarez de Toledo. Los Piedrahíta, por su parte, habían protestado por aquella colaboración. Era el tiempo de don Jean Marie de Piedrahíta el Mecenas (Amberes, 1523-Palacio de los Unicornios, Verona, República de Venecia, 1602) I Duque de Trevor (1572-1602) IV Duque de Muiden (1561-1602) casado con doña Barbara Stuyck d’Este (1524-1559) I Condesa de Ospitale (¿?-1559). Este duque había enviado un emisario para interceder ante el rey y solicitar la venta de las heredades, por dicha venta ofrecía la nada despreciable suma de 100.000 ducados de oro, un monto muy superior a su valor real. El rey aceptó y el duque envió a la Corona 50.000 ducados de oro. Pero el rey cambió de opinión y nunca entregó la heredad al duque de Muiden, aunque tampoco devolvió el oro. Esto era más que habitual en aquella época. Un negocio con el rey era más riesgoso que con la plebe. El palacio de El Quexigal fue construido en 1563 por el arquitecto Juan de Herrera. La suntuosa residencia estaba considerada como la casa de campo más lujosa de Europa. En ella se alojó el rey Felipe II en sus desplazamientos hasta el Monasterio de El Escorial. Finalmente la heredada pasará a ser propiedad del Monasterio de los Jerónimos hasta el siglo XIX.

 

El Quexigal: dos siglos de cambios

 Hasta la guerra de Independencia la heredad de El Quexigal estuvo regida por la comunidad escurialense. En 1837 pasa a la Corona con la desamortización. Entre 1870 y 1890 pasa por diversas manos, entre ellas brevemente por las de don Rodrigo Alberto de Piedrahíta (Bonn, 1824-Mallorca, 1905) XVII Duque de Trevor (1889-1905) Grande de España, casado con doña Blanca de Goyeneche y Santa Pau (1822-1920) III Marquesa de Santa Pau y Grande de España. En 1898, por deudas no saldadas del duque, la propiedad pasa al Ministerio de Hacienda. En 1927 es comprada por el príncipe Max Egón de Hohenlohe-Langenburg, casado con la duquesa de Parcent, María de la Piedad. Esta familia rehabilitó la finca convirtiéndola en un magnifico lugar de recreo y descanso. En 1926 la duquesa de Percent, nueva propietaria, realizó reformas que constaron varios millones de pesetas bajo la dirección de Luis Bellido, arquitecto municipal de Madrid. Los tapices gobelinos adornaron sus salones y galerías. Había diversos cuadros de distintas escuelas (Berruguete, Murillo, El Greco, Gallegos, Aponte, Tiépolo, Carrero, Lazlo y otros destacados artistas) También se tenía algunos cuadros primitivos del siglo XIV y XV y una colección de pinturas al pastel de las que solo existe otra igual en el Palacio Real de Madrid. En él podían verse además espléndidas colecciones de cerámica, una colección de porcelanas de Talavera con unas 3.400 piezas, según se dice, única en el mundo. El comedor estaba decorado con muebles de antiguos palacios franceses. Tenía más de una docena de antiquísimos tapices de Cuenca y más de doscientas tallas policromadas. Poseía una biblioteca con unos cinco mil volúmenes entre los que sobresalían destacables incunables (muchos de estos libros habían pertenecido al linaje de los Toledo). El palacio, simétrico, estaba construido sobre piedra maciza y tenía 8.000 metros cuadrados y 84 habitaciones. En total tenía una 1.800 hectáreas. En la finca llegaron a vivir más de cien familias. En 1956 sufrió un incendio que lo destruyó por completo logrando salvar algunas joyas. Entre ellas la famosa diadema de los Hohelonhe. La familia Hohenhole vendió la Real Heredad del Quexiral al grupo de empresas EULEN, que la gestiona actualmente.

 

 

Curiosidades:

 

^En las inmediaciones murió en 1540 doña Josefa Fernández de Córdoba y Vivero (¿?-El Quexigal, 1540) que había casado en 1530 con don Fernando de Piedrahíta y Toledo (1507-1569) II Barón de Malamocco (1519-1560) II Conde de Villaconeja (1519-1569) II Conde de Parral (1532-1560) II Conde de Castrobuendía (1542-1569) primogénito de don Fruela de Piedrahíta (1486-1519) VIII Conde de Viela. La muerte de doña Josefa nunca pudo esclarecerse concretamente pero durante varios años se especuló con ella. Los aldeanos hablaban de una maldición por haber robado una valiosísima joya del Tesoro de la Mora. Después de la muerte de su primera esposa de la que no tuvo descendencia don Fernando casará con doña Teresa Fernández de Córdoba y Manrique de Lara (1526-1574) VI Condesa de Liérgana (1549-1574) y fundarán la poderosa Casa de Liérgana.

 

^Si la leyenda es cierta en las inmediaciones murió asesinado -a manos de su esposa- don Hurtado Cabeza de Vaca (1587-1615) consorte de la terrible doña Esquerra Stuyck d’Este (Brujas, Palacio del Patíbulo, 31 de octubre de 1590-Lima, 1706) conocida como “la duquesa de la Vendetta”. Unos meses más tarde tendrá lugar, a causa de dicho asesinato, un enfrentamiento entre las huestes de doña Esquerra y la Coalición de los Toledo. Cuenta la leyenda, que recoge tal trifulca como la Batalla del Camino del Oso, debido a que en las inmediaciones había un camino así llamado que acababa en un hermoso prado, conocido a partir de entonces como el Prado de los Hidalgos porque habrían muerto hasta veinticinco hidalgos de las familias Dávila, Águila, Toledo, Piedrahíta y Cabeza de Vaca. Durante un tiempo la terrible se haría llamar Esquerra Esquerrez y sus nueve hijos serían conocidos como los Esquerra, Esquerrez o los infantes Cabeza de Vaca. La muerte de don Hurtado finalmente quedaría impune y el linaje de los Cabeza de Vaca se declararía enemigo acérrimo de los Toledo y Piedrahíta.

 

^En El Quexigal pasará una breve temporada, recuperándose de una aflicción pulmonar, doña Juliana de las Mercedes de Brabante-Osuna y Álvarez de las Asturias (París, 1779- Ginebra, 1855) VI Duquesa de la Alameda, Grande de España y Dama de la Real Orden de la Reina María Luisa, Jefa de la Casa de Brabante-Osuna y primera esposa de don Carlos Fernando de Piedrahíta (Hacienda de Trevor, Boston, 4 de julio de 1776- Sanlúcar de Barrameda, 1839) XIV Duque de Trevor (1830-1835) Grande de España. La Casa Brabante-Osuna intentó hacerse después de la desamortización con la propiedad pero fue imposible.

 

^En 1970 doña Sofía Sánchez de Ocampo Brabante Osuna y Oms de Santa Pau (Madrid, 1928) VI Marquesa del Rialto (1959) casada con don Octavio Vasco Ospina de Ybarra (1926-1990) VIII Marqués de Pereyra (1985-1990) recibió en herencia de su padre don Manuel Sánchez de Ocampo (1914-1970) X Duque de la Alameda (1938-1970) una serie de dibujos hechos por su antepasada, doña Juliana de las Mercedes, en las fincas de El Quexigal y una serie de poemas compuestos por un autor desconocido, que llevan además apuntes bastante históricos sobre la propiedad a atrevés de los siglos. Dichos documentos se encuentran hoy en poder de la marquesa. Unos años después de recibir esta herencia la marquesa quiso visitar la finca pero le resultó imposible hacerlo.

 

 

1Según la leyenda familiar el apellido Piedrahíta proviene de esta villa y daría postriormente nombre a todas las poblaciones que fueron de los Toledo.

2El linaje Balbo, linaje hispanorromano con ascendencia púnica es el origen histórico probado del linaje de los Toledo.

3La ubicación es una hipótesis mía, a la cual he llegado a través de la consulta de los archivos históricos de la Casa de Medina Sidonia, de los Archivos del Duque de Oca, basados en los apuntes históricos del Libro de familia del Marqués de Segura. Documentos del Archivo General del Sello y del Archivo Histórico de Oviedo. Además de numerosísimas publicaciones de folclore. También podría citar los Archivos del Vaticano, a los que no he podido acceder, pero sí puedo citar gracias a las exhaustivas investigaciones de don Carlos Francisco Isidro de Ceballos y Howard (Palacio de Mansfet, Londres, 14 de febrero de 1814- Palacio de Bellamar, Valencia, 1 de diciembre de 1905), XVI Duque de Ponceleón (1848-1905) que los consultó en su momento. El mayor testimonio viviente de esta leyenda fue la Gran Duquesa de Medina Sidonia que dedicó su vida al estudio y a la catalogación del Archivo de su Casa. Se, asimismo, que la Casa de Alba posee también documentación al respecto pero ni he solicitado ni se me ha concedido el permiso para consultar dichos archivos. Sé que una parte de esta investigación es especualtiva, porque saber la ubicación exacta de la villa es una tarea arqueológica y no literaria. No obstante, las visitas que he hecho in situ me revelan que mi hipótesis es acertada y podría jugarme la vida que así es. Una sola visita a este paraje confirmará mi versión. Llegar a El Quexigal es relativamente fácil. (Aparece en el mapa Google)

4La palabra "limpio" no es despectiva en este texto, es simplemente fiel a la terminología de la época.

1Esta tumba se pretendía falsa pues don Otalvo había muerto, según la leyenda familiar, lejos de Castilla. No obstante, la tumba se indicaba como suya y fue muy famosa en el Toledo del siglo XIV por decirse que era de un notable cruzado que había dado muerte a mil moros en un solo día. Los jóvenes donceles derramaban lágrimas sobre la tumba de don Otalvo y las doncellas se desvanecían en los vaporosos veranos toledanos. Llegó a afirmarse que el tocar la tumba del cruzado traía inmunización contra las heridas en batalla, por lo que los jóvenes soldados no partían a la batalla hasta no tocar tres veces la tumba del cruzado. La leyenda convitiosé pues en tradición y por ello su epitafio rezaba algo así como"Otalbus d’Qvxial, senior y amo de la Armada de Christo en terris de Nostro Deo".

5 Papa nº 167 de la Iglesia católica de 1145 a 1153. Su verdadero nombre era Bernardo Paganelli di Montemagno.

¿PARA QUÉ ESCRIBIR?

Oda al pajarillo... 

Para que se derogue la pena

Para que fenezca el dolor

Para que se ahogue la fatídica verdad

Para que vuelva a crecer la belleza                                                     

Sobre los ojos abatidos

Para que tu belleza se alce para siempre sobre la memoria

Para no olvidarte simplemente en el pasado

Para no jugar a ser Dios con la mentira

Para no filtrar el descaro tras la vanidad

Para suplicar perdón por el deliro

Para rogar clemencia e inclinarse ante la noche

Para que la vergüenza no vuelva a vestirse de fiesta

Para que el vellocino sea resguardado del óxido y la envidia

Para que en la distancia puedas sentir la respiración peregrina

Para que en Oriente el sol encuentre pronto la mañana

Para que los pecados huyan despavoridos ante el Ángel

Para que los niños puedan volver a las plazas                                                                      Y, rellenos de agitadora felicidad, persigan a  los pájaros

Para que los pájaros logren huir del atisbo juvenil

Para que los nidos y polluelos sobrevivan al gélido desamor

Para que la libertad gobierne sobre todas las decisiones

Para que todas las decisiones sean libres

Para que no vuelvas a dudar nunca más de la desdicha ajena

Para que el vaso de agua rebose y se deleite en grandeza

Para que no se murmure más sobre la demencia

Para que la demencia sea digna de gratitud

Para que en las tormentas más cruentas los barcos no naufraguen                                                                                                     

Y para que los náufragos encuentren pronto las costas del más allá

Para que el color azul de la sangre real no se tiña de rojo

Para que los hombres retornen al mundo de los hombres

Para que las flores no se afecten con los vientos fúnebres

Para que en las músicas celestiales esté tu nombre                                                                             Y para que tu nombre no se borre nunca de las arenas del desierto, ni de los árboles heridos, ni de los cuadernos aporreados, ni de los labios nunca besados, ni de los arco iris nocturnos y agazapados, ni de los horarios indistintos, ni de las bocas dudosas y falaces… Para que tu nombre se enmarque eternamente sobre el dintel blanquecino del muy níveo firmamento, y para que los poetas nazcan y mueran en él, y los nidos de los plumíferos más livianos sirvan de perenne hogar a muchas generaciones de alados…  

IMAGEN OPERÍSTICA

Y tu cólera en mi pecho,

Mi delirio hizo pensamiento

El libre arcángel, antes efigie coronada,

Rogó al cielo muerte bella. 

Rompiendo en llanto cada noche

De pesar hizo mi inconstancia

Del seño eterno la añoranza

Virginal grito de dolor. 

Nuestra aplacada memoria

En voz perdida de ultratumba

Como dura sombra ya amargada

Placer e hidalguía para siempre. 

E rotos trinos de una alondra

Secos sueños de un tenor

En la plaza limpia del cantor

Fui yo hombre malgastado. 

Ruegos, pobreza y odio

Tiempo en que horror es mi lecho

No llega el día de la dicha

Pretendido a la tragedia estoy.  

(Del poemario inédito, Moralejas del rey)

PALACIO CONDAL CON VISTAS AL MAR

¡Vivan los libres que han hecho justicia

Porque a ellos el mundo ingirió! 

Desde la ventana, ajustado el pecho sobre el vacío

Y el pulmón sobre la catana, cual rígido parricida,

Suspiraba el poeta agobiado en el terrorífico hades,

Con sus sueños acabados, destruidos, ya perdidos. 

¡Vivan los libres que han hecho justicia

Porque a ellos el mundo ingirió! 

De fucsia se visten todos los días,

De sangre las noches, de odio las tardes…

Y como una canción fúnebre suenan los saludos 

Que las bocas de los ingratos se cierren eternamente

Y que los campos con sus cuerpos inertes florezcan

Que fallezcan uno y cada uno de los dechados insurrectos

Y que su prole sufra también las consecuencias. 

¡Vivan los libres que han hecho justicia

Porque a ellos el mundo ingirió! 

BARCELONA: CUENTOS DE HADAS Y DESVENTURAS

Personalmente considero la ciudad de Barcelona como la más bella de todas las ciudades españolas. No por mera casualidad estas tierras han sido desde tiempos remotos las más apreciadas por todos los moradores que han ocupado la Península sin importar la época y cultura. La BCN actual, la de las múltiples culturas, quiere acoger al visitante con el mismo encanto que desde hace siglos lo hace con todos los que arriban a sus costas. Me he sentido siempre embrujado por esta ciudad, desde que era un simple párvulo americano que soñaba con los bravíos atardeceres que inspiraron a Joan Maragall sus Visions i cants por allá por los muy florecidos 1900, los que a su vez inundaron la mente del apoteósico pintor y dramaturgo Santiago Rusiñol. Fui ese inocente estudiante que soñó con el poderío monumental del magno Gaudí, que pasó días enteros recorriendo mentalmente la ciudad que aún no conocía. Creo que yo, el muchacho que constantemente promulgó su “ciudadanía del mundo” y el poeta que hoy también la refiere y de la que se enorgullece, me he sentido, desde muy niño, impulsado a ser catalán, y no vergüenza por ello siento. Nunca me he arrepentido de anunciar con contundente voz: “Mi nacionalidad es el mundo”; no obstante, si hubiese podido elegir mi lugar de nacimiento, este, muy seguro, sería la ciudad condal. Empero en Barcelona he perdido cosas, apegos, amores, seres que me han dejado huella y cicatriz: todos estos acontecimientos infectan de cierta amargura ese enorme amor mío por la ciudad… Sin embargo, son sus calles mis hermanas, y sus esquinas mis hijas, y sus ya inexistentes murallas mis amantes. Barcelona amilanada de Eixample. Ciutat Vella e porteña. Rugosa en el Sant Martí. Ducal y altiva en Les Corts. Ribereña de la sierra y muy altiva con Sarriá Sant Gervasí. ¿En donde vi Montjuïc? Oh Horta Guinardo, Nou Barris, Sant Andreu. No olvidar la Gràcia y amar hasta el Tibidabo… ¡Qué vuelva la protección de Cayo Julio César y de Cayo Julio César Octavio Augusto, donde eras llamada Colonia Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino y custodiada calladamente por el mons Taber! Quien no te ama, oh mi dolorosa Barcelona, tampoco te merece, quien en ti se mece, no perece, y quien muere, entonces, feliz, eternamente, permanece.

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