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LOS DULCES VERANOS DEL JOVEN CONDE DE CEBALLOS

HISTORIA DE UNA PRÓXIMA LEYENDA

Brokeback Mountain la última y afamada película del director Ang Lee, magno genio del Séptimo Arte que obtuvo EL DESTACADO en los premios que concede la Academia los Annual Academy Award conocidos popularmente como los Oscar, es una magnífica composición visual, elaborada mediante un esfuerzo muy diáfano, capaz de trasmitir una historia entrañable. En verdad, escribir este artículo -al cual he dedicado más tiempo de lo normal y que he dejado en “remojo” varios días, a la espera de obtener más datos o de simplemente interiorizar más mis ideas- me ha costado más de un disgusto. Es un tema inhóspito, espinoso. Ante todo, creo fundamental rescatar la figura de Ang Lee como magnífico narrador, pues los grandes directores de cine son también grandes pintores de imágenes y, a su vez, los pintores -eso lo sabemos bien-, saben narrar historias a través de sus cuadros. Preparo un libro sobre conocidos directores, el cual tal vez reciba pronto como nombre Los poetas del cine, muy en la línea antes definida. Esta vez he dicho poetas, porque en realidad muchos de ellos han superado eso de ser simplemente narradores o pintores remontando en su categoría y acercándose a la poesía pura.

    Brokeback Mountain es la puesta en escena de la poesía bucólica griega, en su más fino y elemental –sí, elemental- retrato, plasmada bajo un esquema trágico, nostálgico y doloroso. Y, como las úlceras en la suave piel, la película ha levantado ampollas sobre todo en los círculos que la han prejuzgado, y en parte con cierta razón, porque hoy impera en la sociedad esa ridiculez de que ser homosexual está de moda o que existe una literatura o un arte homosexual, cosa detestable pues un artista nunca es un hombre o una mujer, un artista (un VERDADERO ARTISTA) renuncia a su género, a su patria, a su condición de persona y se eleva por encima del Genio, del Mundo. Los grandes de la Literatura y la Poesía siempre lo han hecho. Otra cosa muy distinta es que esos personajes creados tengan otros gustos, políticos, sociales, religiosos, y actúen por sí mismos. En fin, hace falta generalizar en este caso y ver que ahora se hace arte para atolondrados, arte de etnias o géneros, arte esquizofrénico y otros más, incluyendo el que ya he referido, y que no son más que consonantes desviaciones del Pensamiento a una simple inclinación. Desde luego, el único error o descuido de la película es tratar tan crudamente el acto sexual en sí y por eso la verdadera historia, pura y entrañable, genera divergencias. El amor griego, muchas veces profesado por hombres tampoco excluía el acto sexual, pero lo reservaba a la intimidad. Los grandes tratados sobre el Amor escritos por Platón, discípulo de Sócrates –El Banquete, y Fedón o de la Belleza son buenos ejemplos- legitiman y ensalzan el Amor, el verdadero amor entre las personas, sin distinción de su sexo, edad o condición sexual. Desde luego, los pervertidos resumirán esa filosofía en adultos fornicando con jovencitos y despreciará el altruismo de lo que fue la Amistad y la filiación griega entre hombres y mujeres.

    Brokeback Mountain es la leyenda de los pastorcitos en la Arcadia, con sus juegos y tertulias, el contacto físico es intrascendente, no nos interesa, lo realmente importante es la cercanía de las almas, el valor de un encuentro intenso entre dos espíritus solitarios. El amor nunca es grosero o repugnante, el amor es y será el único elemento humano realmente valioso (pienso ahora en la película el quinto elemento). Eso que nosotros llamamos Amor, en la Naturaleza se llama Armonía, ¿acaso no es armonía entregar la vida cual Patroclo por su fiel amigo Aquiles? Como ya he dicho, las relaciones sexuales están al margen de toda discusión, se reservan a la intimidad de las gentes, nada hay más sagrado que esa intimidad entre dos individuos. Ni Estado, ni Religión, ni persona natural ha de intervenir entre un asunto privativo, esta cuestión creo que ha quedado suficientemente clarificada. La película es, además, una opción más de contar, como ya lo han hecho grandes escritores, Marguerite Yourcenar, Thomas Mann, André Gide, Yukio Mishima y otros, la historia de un amor trágico, no convencional, tan intenso que supera incluso a esos personajes y contagia a los espectadores. Es una película, que, como grandes libros, hará historia, con sus deslices. Al menos, esta versión del amor bucólico ha cruzado la línea entre la vulgaridad para asentarse muy firmemente en la otra orilla, la que pertenece a la Inmortalidad, como en Egipto, propiamente en el Nilo. Ah, bello río cuya fermosura es tan tranquila como la Amistad, el Amor, la entrega y la renuncia. Ojalá algún día la filosofía griega trascienda los cimientos de esta sociedad estigmatizadora y logre posicionarse como referente moral, equidistancia entre la Razón, el Corazón y la condición humana.

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