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LOS DULCES VERANOS DEL JOVEN CONDE DE CEBALLOS

AGRIPINA, LA MALA PÉCORA DE ROMA

AGRIPINA, LA MALA PÉCORA DE ROMA

Cualquier parecido con la realidad NO es mera coincidencia

 

Sin duda alguna hay seres que destacan por su maldad, pero es casi obligado que aquellas malas hierbas acaben muy mal. Hoy vamos a hablar de Agripina la Menor, a la que el propio Galdós llamó “la mala pécora de Roma” un personaje que encarna todos los vicios y maleficencias humanas. Emperatriz de Roma por su matrimonio con Claudio y nacida entre los años 13 y 17 en lo que hoy es Colonia.

 

Ambiciosa y dotada de un talento innato para las malas artes, Agripina usó desde los venenos naturales para acabar con sus víctimas como también unas particulares ESTRATAGEMMAS que creaban división entre todos aquellos que conocía, con el único fin de, a través de la discordia, conseguir sus propósitos.  Incestuosa, adúltera, asesina, mentirosa, difamadora, y terriblemente apática a las artes y las ciencias, blandía su pelo como la lanza más mortal jamás usada. A pesar de sus malas costumbres y de su ambición desmedida Agripina tenía la gran capacidad de atraerse aliados, aunque después, una vez utilizados concienzudamente, eran desterrados.

 

Casó en primeras nupcias, en el año 23, con Domicio Aenobarbo, muerto en el año 40, de quien tuvo a Lucio Domicio Nerón; contrajo otro matrimonio con Crispo Papieno, a quien envenenó. Cometió incesto con su hermano Calígula; tuvo adúlteros amores con Emilio Lépido, marido de su hermana Drucilla, por lo que Calígula la desterró a la Isla Pontia, en la costa de la Libia, de donde volvió el año 41 llamada por el emperador Claudio. Éste, cuando se deshizo de Mesalina, decidió  casarse con Agripina, que era sobrina suya; y aunque la ley consideraba incestuosa semejante unión, el senado y el pueblo la declararon lícita.

 

Agripina consiguió que Claudio nombrara sucesor a Nerón, en lugar del legítimo Británico, para lo que intrigó de tal modo, que los Senadores llegaron a temer por sus vidas. Hizo que se condenara a muerte a L. Junio Silano, marido de Octavia, su hijastra y casándola con Nerón. Temiendo que su marido cambiara de parecer, lo envenenó. En el crimen fue auxiliada por Procusta y el médico griego Jenofonte.

 

Agripina ocultó la muerte de Claudio hasta que creyó llegado el momento de presentar a Nerón como emperador; el Senado lo confirmó y Agripina se preparó a reinar despóticamente a la sombra de su hijo, joven de 17 años. En un principio ejerció gran influencia en el gobierno: conferenciaba con los embajadores, asistía a las sesiones del Senado detrás de una cortina y ponía gran celo en perseguir y dar muerte a todos los que permanecían fieles a la causa de Británico. Perdió, sin embargo, pronto su autoridad, principalmente por los consejos de Séneca a Nerón; y encolerizada, amenazó con favorecer los derechos de Británico que posteriormente moriría envenenado.

 

Agripina fue arrojada de palacio, pero apeló a toda clase de medios para recobrar su prestigio, llegando hasta el punto de querer seducir a su propio hijo y acaso se hubiera consumado el incesto si no lo hubiera evitado Séneca apelando a Actea, liberta de Nerón, que rechazó a Agripina.

 

Nerón no se consideraba verdadero dueño del imperio mientras viviese su madre; intentó envenenarla tres veces; la convidó a unos juegos, a los que asistió en un barco que debía sumergirse, pero Agripina se salvó a nado; por último, la acusó de traición y envió verdugos que la dieron muerte  en el 59, y a los que ella dijo: Ventrem feri, porque en aquel seno había sido concebido el hijo desnaturalizado que la mandaba matar.

 

Personajes como este han poblado nuestra historia y la lista de mujeres con un alma muy negra podría ampliarse demasiado como para tratarla tan someramente. Sólo pienso nombrar a otra mujer ampliamente conocida por su capacidad de manipular y sembrar la discordia… La Princesa de Éboli, popular y cariñosamente conocida como “la Puta” en su Pastrana natal y en otras latitudes como “la puta de Castilla”. Durante muchos años esta cruel víbora tuvo eclipsado a Felipe II y a toda la Corte, aparte de usar su crueldad con las esposas de todos sus amantes. Después de muchas décadas de conspiración, y sobre todo de difamación, acabaría sus días desterrada y sola pese a su peculiar belleza que siempre usó con los hombres para conseguir lo que quería.

 

En modo alguno este escrito pretende revelar una idea misógina, muy por el contrario es un retrato fielmente histórico de una persona, independientemente de su género, que por un corazón negro cometió todo tipo de crímenes. 

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